Cuando te avergonzás en público

Historia de Fabiola:

A principios de año Fabiola se fue de paseo a la playa con su familia; se quedaron en un Hotel en Punta Leona… no me acuerdo del nombre. Era un hotel súper familiar, tipo “todo incluido.” Y cuando Fabi llegó al hotel ella y su hermano decidieron ir directo a la piscina porque el día estaba bastante caluroso y cuando el clima está así, Fabiola a veces se puede poner un poquito de mal genio; perro ella llegó, se cambió y se alistó para ir a la piscina y ya cuando llegó, metió los pies en el agua y empezó a sentirse un poquito mejor. Había un montón de gente en la piscina ese día: señoras tomándose su coctelito, señores bronceándose, los chiquitos corriendo alrededor de la piscina, otros adentro con flotadores. Quince minutos después de haber llegado, Fabiola empieza a sentir una presencia rara detrás de ella; como si alguien la estuviera viendo. Se da la vuelta para ver qué era lo que estaba pasando y justo detrás de ella, en una de las sillas de la piscina, estaba este señor que era un personaje. Con lentes de sol, una pantaloneta azul súper tallada, el mae era un señor como de unos 46 años, tal vez. Bronceado, musculoso y andaba como con un trago en la mano. De hecho, dice Fabi que siempre andaba con un trago en la mano.

Al principio a Fabi le pareció un poco raro, pero siguió tranquila a la orilla de la piscina; pero cuando empezó a escuchar que el señor este empezó a tirar besos, obviamente se empezó a incomodar y por el calor, obviamente, además se puso de pésimo humor. Entonces para apartarse del roco este y sentirse un poco mejor, se metió a la piscina y empezó a nadar y el señor se fue. Fabiola siguió nadando, jugó con su hermano menor, luego sus papás llegaron y la estaban pasando súper bien. Luego ella se devolvió al lado de la piscina donde estuvo al principio porque ya el señor no estaba, pero tan pronto llegó a ese lado, el roco volvió a aparecer otra vez. Fabiola se alejó un poco de la orilla y el roco empezó a silbar y a silbar y de vez en cuando ella volvía a ver entonces veía que el señor le hacía señas como de “llámeme” y el mae no paraba y no paraba de hacerle señas a Fabi y ella solo quería estar tranquila y disfrutar de sus vacaciones, pero tenía a un acosador de mierda que no la dejaba en paz. El mae seguía haciendo gestos, Fabi estaba en el medio de la piscina tratando de ignorarlo, pero el mae no paraba y no paraba y entonces Fabi no pudo más con la necedad y explotó: “¡¿Puta sal qué es lo que querés?! ¡Déjame en paz hijueputa! ¡Estoy harta de esta mierda!”. Toda la gente en la piscina volvió a ver asustada o sorprendida y había un silencio total. Todo el mundo volvió a ver a Fabi, luego al roco, luego a Fabi otra vez y luego a la esposa y al hijo bebé del señor que estuvieron todo el tiempo detrás de ella. Lo único que a Fabi se le ocurrió hacer fue hundirse en la piscina y hundirse debajo del agua.

Obviamente para Fabi fue un bañazo… porque yo empecé a gritar. Yo estaba demasiado enojada con el mae y empecé a gritar en la piscina y todo el mundo me estaba viendo y mi mamá también me estaba viendo, así como “¿qué le pasa?” y volví a ver para atrás y vi que estaba la esposa y el hijo y fue lo peor.

Historia de David:

Bueno, esto sucedió hace poco, de hecho; este año en, creo que en julio. En ese momento estaba quedándome en Madrid, en la casa de un amigo y tenía planeado visitar a otro compa que vive en Valencia y mi amigo este de Valencia es un compa muy relax y muy abierto entonces desde el primer momento que llegué me dijo “pues aquí a tu cuarto, es tu cuarto, podés invitar a quién querás, cojé con quién querás” y todo bien. Ya para el último día que estaba ahí como en la casa, solo, me entraron las “ganillas”. Entonces abrí Grindr, que es, para los que no saben, como una aplicación ahí que usamos nosotros los maes de “gratificación instantánea”, que llaman. Empecé a hablar con uno que se llama Bernat (?). Me dijo que él vivía cerca de donde yo me estaba quedando; me dijo que podíamos vernos tipo 8:00, lo esperé, llegó ahí, bajé; caminamos un ratito, como un par de cuadras, nos quedamos en un parque ahí, conversando y al final, lo metí al cuarto.

Entonces pues ya, empezamos ahí estamos en el cuarto, empezamos a besarnos, fuera ropa, todo bien; ya estábamos en la cama. Estábamos en esta posición, bueno, yo estaba acostado y él estaba como arrodillado y yo tenía mis dos piernas como abrazándolo o alrededor de él, digamos. Y en ese momento como que el tipo como que se me queda viendo mucho a mi “penecito” y le dije “bueno mae si es que tengo esto porque aquí hace demasiado calor, salgo a caminar mucho y me pica y pues me rasco, x, son como marcas de eso” y el tipo me dice “no, es que no es eso, es que tenés ladillas”.

No supe qué decir, no podía creer que yo tenía piojos ahí, digamos. Y menos que me los haya descubierto este mae que era como el mae así más guapo con el que había estado en los últimos años, en los últimos tiempos. En fin, el tipo me dijo que los había identificado porque también le había pasado, que era muy común, que probablemente en esos 10 minutos que había estado conmigo, pues que también yo le había pasado los piojos y en efecto; el tipo empezó a sacarse en frente mío piojos que yo le había pasado.

Entonces, bueno Bernat que es, si es como, hay que canonizarlo o una cosa así, me acompañó hasta la farmacia, llegamos a la farmacia, bueno, no se había acabado mi martirio porque llegamos a esta farmacia que son 24 horas, entonces solo tienen como una ventanilla de atención, no es como que vos podés entrar y agarrar lo que querás y ya. Entonces había una fila, hice la fila, ya cuando llegó mi turno todavía había gente detrás mío, pero, di te comunicás por esa ventanilla y la muchacha que atiende tiene un intercomunicador. Yo pedí la crema entonces yo con mi voz más calladita, para que no me oyera la señora de atrás mío de la fila, yo como “crema para ladillas”, lo dije como tres veces porque no me oía y yo como “crema para ladillas” y la mae en su intercomunicador dijo “crema para ladillas”. Como un pedido ahí en el mercado, toda la fila detrás mío escuchó que yo, pues, estaba lleno de piojos y necesitaba crema. Yo nada más bajaba la cabeza, veía los zapatos, ni siquiera quería ver a Bernat; Bernat me abrazaba, me daba besos y me decía que no pasaba nada; yo sabía que quería reírse, pero di es el tipo más lindo del mundo, nada más.

Esa es mi historia, fue muy triste, pasé una noche encremado, avergonzado y obviamente di, muy enamorado de Bernat, también. Ah bueno si, al otro día el mae me escribió por Instagram, que era como, después nos agregamos por Instagram y me pone como “¿como seguiste? 🐜”. Es el mejor mensaje que me han mandado en la vida. Ay si mae, lo amo.

Historia de Valeria Murillo:

Eh, ok, esta historia ocurrió en el 2001. Para ese entonces estaba viviendo en São Paulo, en Brasil. Y ya tenía como 6 meses viviendo allá. Para ese entonces había entrado el invierno, realmente ya me estaba sintiendo un poco sola… Una amiga se estaba yendo y ella hace una fiesta de despedida y me invita, y pues yo acepto y voy a la fiesta. Era en un apartamento entonces estábamos en como un grupo de amigos que yo tenía y veo como a un tipo que yo nunca había visto entrar al aparta. Siempre pasa que quizá uno está, así como “carente” toma algunas decisiones que generalmente no toma u observa a persona que uno generalmente o observa. Veo a este tipo, un rubio, rubio, rubio, pero rubio, o sea, con cejas rubias; era reamente un estereotipo de hombre que a mi nunca me hubiese llamado la atención. Entra y yo lo veo atractivo y llega el momento en que ya empezamos a hablar y a conocernos y todo y ya más entrada la noche, el grupo decide irse como para una disco. Así como, todo el mundo “vamos a una disco” y todo el mundo aceptó y nos fuimos para la disco. Yo había tomado, no estaba borracha, simplemente estaba “alegre”, que llaman. Y me puse a bailar con él, fui valiente y ahí entonces decidí preguntarle “hey, ¿le puedo dar un beso?” y él se me queda viendo y me dice “¡obvio!”. Empezamos, nada, ahí a darnos un beso y todo bien, mientras bailábamos y todo el asunto. Hasta que, de repente, empiezo como a sentir, no sé, un sabor súper extraño en la boca y como si fuese, no sé, como algo salado, como entre salado, era una sensación bastante extraña. Entonces yo pensando que era yo, o sea que literal pensé que eran mocos, me toqué la boca, así, como la nariz y me volví a ver la mano y veo sangre y me veo sangre en la ropa y vuelvo a ver la cara de el y está lleno de sangre, o sea, se le había venido la sangre por la nariz y teníamos como dos minutos de estarnos chupando sangre.

Entonces en ese momento todos mis amigos se nos quedaron viendo, o sea, varia gente se quedó viendo y yo no sabía ni qué hacer y fue feísimo, o sea, guácala.

Lo peor es que, nosotros, o sea, yo fui al baño, el mae se lavó y seguimos apretando.

Historia de Marcial Cambronero:

Fue en la escuela, estaba mas o menos, en cuarto grado, cuarto o quinto grado. En la escuela mía, era un colegio católico, verdad, y toda la cosa, fueron 11 años ahí y cada cierto tiempo, cada fecha especial hacían como una misa del colegio y de la escuela entonces eran todo, como 300 personas, una cosa así, metidas en un gimnasio, di oyendo misa, verdad, todo el aburrimiento. Eran como las 11 de la mañana, creo yo y ese calor así del verano tropical, verdad, con todo el sol encima y el techo del gimnasio estaba así directo, eran nada más las láminas, verdad, metálicas. Bueno ya estaban dando la misa, habla el Padre y van a entregar, este, van a hacer la eucaristía que es cuando le entregan a uno la ostia y toda la cosa y yo en ese momento, yo como que me está afectando un poquito el calor, verdad, y pero bueno ahí nos acomodan y nos dicen bueno “tienen que ir todos, verdad, ir donde el sacerdote, tienen que recibir todos la eucaristía” y me ponen a mi adelante a la muchacha, la más guapa de toda la generación de nosotros pero yo me sigo sintiendo así como un toque mal y nada más vamos, recibo la eucaristía y me siento otra vez y no sé, le digo a la profesora, voy al baño, me echo agua, lo que sea y en eso que voy yo así estábamos haciendo la fila y esa fila enorme, porque era la escuela y el colegio, y en eso que yo estoy así yo empiezo como a ver como manchitas y yo “ay mae, me siento mal, mal, mal” y en eso que estoy yo así, en medio del gimnasio, rodeado de 300 personas, nada mas llego y hago [sonidos de vómito]. Vomitada gigantesca en frente de todo el colegio y la escuela y en los zapatos de la muchacha más bonita de toda la generación. Ese día, me recuerdo y hasta el día de hoy me pongo rojo, o sea, siento que me arden las orejas.

Diego: “Y aún así, cuando ya fue en la escuela y pasaron años, todavía sigue siendo…”

“Ahh si, totalmente, o sea, de hecho, mi mejor amigo me decía “mae, pero no pasa nada, fue en la escuela, la gente estaba preocupada por vos” y yo “eso fue lo último que a mi me pasó por la mente”. Acabo de vomitar en la muchacha que me gustaba delante de toda la escuela y el colegio, yo “nombre, jamás, eso fue enorme”. Todavía es enorme, lo que pasa es que uno, di ya después de eso yo creo que nada más, di no queda otra que seguir adelante.

Historia de Diego Barracuda:

Esta historia es quizá de las que más me da vergüenza contar en la vida. Pero me he dado cuenta que entre más la cuento me rio más y me avergüenzo menos. Entonces ¿qué mejor forma que finalmente superarlo que en este podcast?

Me pasó hace un par de años, recién había terminado una relación y estaba en este limbo extraño que uno siente cuando apenas está volviendo a la soltería y nada. Yo había decidido concentrarme en mi trabajo, estaba en la publicación de mi libro y no tenía ninguna intención de salir con alguien más.

Un día, una chica, la que vamos a llamar Nancy, empieza a escribirme por el Messenger de Facebook y a hacerme conversación. Que cómo estaba, que qué hacía, que donde trabajaba, que que chiva, jijiji, jajaja. Era una de esas personas que tenía en Facebook desde el inicio de los tiempos, pero nunca habíamos hablado ni nos habíamos visto nunca y todo bien. O sea, pensé que quería hacer amistad y ya, pero las conversaciones empezaron a ser más seguidas y me decía que estaba pensando en mi. Y entonces el sonidito del Messenger pasó de [notificación normal de Messenger] a algo como [notificación sexy de Messenger]. Todo esto escaló súper rápido, si acaso había pasado como una semana desde que había empezado a escribirme. Un día, Nancy, dice me que tiene un proyecto y que me lo quiere presentar, en su casa, un viernes en la noche. Como les decía, yo no estaba en el mood de ligar, pero Nancy estaba muy guapa y cuando la vida provee, ¿quién es uno? Así que este campeón se acicaló, se puso su jacketcita de cuero de mentira, se perfumó y jaló.

Le escribí a Nancy para que me enviara la ubicación en Waze, ella me dijo que le avisara cuando llegaba para salir por mi, y ya. Llegué y ella me recibió en la acera; esa fue, de hecho, la primera vez que nos habíamos visto en persona. Ella vivía como en un edificio de apartamentos un toque viejo, había que caminar un pasillo angosto y subir gradas hasta un cuarto piso y todo esa súper oscuro. En realidad, llegar a su apartamento se hizo larguísimo. Cuando finalmente llegamos al aparta, ella busca las llaves, no las encuentra por ningún lado, y de pronto parece que no las anda y yo “que mierda mae, se me cagó esta vara ya”. Entonces la mae toca la puerta y yo “¿Qué putas? ¿Por qué toca la puerta? ¿Hay alguien más adentro?” Le abren la puerta, y entramos y hay como 10 personas más adentro. El tal proyecto era que ella y el novio vendían productos Zrii. Tenía tanta vergüenza que ni siquiera sabía cómo irme. Era tanta la congoja que casi, casi me termino yendo a la casa con suplementos de esa vara.

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