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De fijo alguna vez te preguntaste ¿Por qué sólo a mí me pasa esto?

Cada semana te voy a mostrar que no sólo vos tenés mala suerte y lo voy aprobar con historias reales. A veces creés que los malos ratos sólo te pasan a voz pero no sos el primero, ni serás el último porque no sos especial.

Este es el episodio número uno de la primera temporada de No Sos Especial. En cada episodio te voy a traer cinco anécdotas diferentes contadas por amigos invitados. Historias de momentos vergonzosos, acongojantes, tristes… de todo.

Algunos de esos amigos ahora se ríen contando sus anécdotas y otros vinieron aquí a finalmente darle un cierre a su historia. Todo con tal de que vos te sintás más acompañado y menos especial.

Transcripción completa:

Diego Barracuda (host):

De fijo alguna vez te preguntaste ¿Por qué sólo a mí me pasa esto?

Cada semana te voy a mostrar que no sólo vos tenés mala suerte y lo voy a probar con historias reales. A veces creés que los malos ratos sólo te pasan a vos pero, no sos el primero, ni serás el último porque no sos especial.

Yo soy Diego Barracuda y esto es: No Sos Especial

(música de intro)

Diego Barracuda (host): Este es el episodio número uno de la primera temporada de No Sos Especial. En cada episodio te voy a traer cinco historias diferentes contadas por amigos invitados. Historias de momentos vergonzosos, acongojantes, tristes… de todo.

Algunos de esos amigos ahora se ríen contando sus anécdotas y otros vinieron aquí a finalmente darle un cierre a su historia. Todo con tal de que vos te sintás más acompañado y menos especial.

La primera historia la cuenta Christian Rodríguez, un amigo del trabajo. Si alguna vez han tenido un momento incómodo o vergonzoso con sus suegros, — o están a punto de conocerlos — quizá esta historia les haga sentir un poco mejor.

Todo empieza con una invitación que le hizo su novia:

Christian (citando la invitación de su novia):

“Quiero que vayamos a San Carlos un fin de semana porque quiero que conozcás a mis papás”.

(Música)

Christian:

Dije: “está bien”. Me lleve la mejor ropa que podía, lavé el carro ese fin de semana para que vieran que era un buen muchacho; que tenía las cosas en orden — o por lo menos trataba — . Saludo al papá (el papa era un señor como de dos metros, super serio), saludo a la mamá, a las hermanas. La cosa es que todo iba muy bien ese fin de semana.

Al día siguiente hay que levantarse, desayunar, compartir con la familia y bañarse. Entonces le digo a mi novia que necesito un paño. Ella me dijo “Sí claro, acompañame”. Fuimos al baño de los papás donde resulta que era donde guardan todos los paños — veo dónde los guardan — y me dice mi novia “Si ocupas algo, aquí hay de todo, podés agarrarlo”.

Bueno, me baño, agua caliente, todo bien. Salgo del baño y… ¡Mierda, se me olvidó el paño! No lo agarré donde me dijo mi novia.

Ella se fue con la familia entonces yo estaba solo en la casa. Salgo del baño — estoy todo mojado — , y lo único que veo es el papel higiénico y un paño pequeñito para secarse las manos. Entonces lo que hago es caminar hacia el paño de las manos, agarrarlo, ponerlo como alrededor de mi cintura… ¡y ni siquiera da para taparse las dos nalgas! Entonces la cosa es que llego y me lo acomodo así a como podía, me seco más o menos, abro la puerta y no había nadie. Y yo… bueno, perfecto, ya sé dónde están los paños, voy a agarrar uno.

Paso por los cuartos, no hay nadie. Vuelvo a ver a los lados, no hay nadie, todo bien. El baño del de los papás — de mis suegros — era muy grande, y donde estaban los paños era como al fondo. Las cosa es que empiezo a caminar y ya cuando veo el paño y lo voy a agarrar… vuelvo a ver a un lado… ¡y estaba mi suegro, con los pantalones abajo orinando!

No se habló absolutamente nada del tema. Mi suegra no tenía ni idea y después teníamos que sentarnos a comer y literalmente mi suegro y yo nos hablábamos, ni nos cruzábamos miradas. Definitivamente fue un momento bastante incómodo.

Diego Barracuda (host): La segunda historia la cuenta a mi amiga Adriana Sánchez. Ella es emprendedora, escritora, filóloga, panadera. Es una de las personas con más actitud que conozco y una de las personas también más valientes también.

Como escucharán ahorita, que una persona sea valiente no quiere decir que no tenga inseguridades. Incluso de los que nos persiguen durante un montón de tiempo. Pero Adri vino y me contó su historia sin miedo. Vino a darle un cierre a pesar de lo difícil que fue para ella.

Algo que ella no sabe — y lo voy a confesar ahora — es que cuando vino a grabar, la hice contar la historia dos veces porque estaba grabando con el micrófono equivocado y me di cuenta cuando ya iba muy adelante. Le inventé que a todos los invitados los hice grabar dos veces y era mentira. O sea que tras que era una historia difícil, ¡la hice grabar doble! Lo bueno es que la segunda versión quedó lindísima, y sin más, que Adriana nos cuente.

Adriana:

Esta historia comienza en 1988, cuando tenía ocho años y termina… hoy.

(Música)

Adriana:

Siempre fui una chica muy introvertida, muy tímida, la verdad. Y cuando estaba en segundo grado se pasó a mi escuela un chiquito demasiado lindo — así guapísimo — que se llamaba Marco. Era demasiado lindo y yo lo veía todos los días, fantaseaba con él y hasta cambiaba mi ruta para devolverme de la escuela y pasar al frente de la casa de él.

Pasaron meses en los que yo nada más estaba enamorada y sufría de amor profundo por el mae. Pero obviamente no me atrevía a hablarle y el mae además estaba en otra sección.

Para un show de variedades que había — como ya llegando a final de año — yo dije… di no, o sea, yo le voy a hablar a este mae, voy a conocerlo y me le voy a acercar. Y lo que necesito es invitarlo a bailar en el baile de la escuela.

Yo me alisté y recuerdo hasta la ropa que andaba puesta. Andaba un vestido azul de punto que me llega por la rodilla, andaba un blusón — así un camisón — blanco como tipo Las Flans que estaba muy de moda en 80’s. Y llegué al baile.

Estaba con mis compañeras, hablamos un rato y estábamos ahí como en nuestra esquina y ya en algún momento yo dije: ya llegó la hora y me envalentoné, me separé de mi grupo y le pregunté a Marco si quería bailar.

Y el mae me volvió a ver y me dijo “No”…

(Silencio)

…Y se dio la vuelta y siguió hablando con los amigos (risas). Me puse roja como un tomate porque yo cuando siento vergüenza, cuando me pongo incómoda, me pongo roja como un tomate. Me arde la cara, es exagerado.

Entonces fueron todos estos años de tortura que saltan a 1995, cuando yo estaba en el cole, porque desde que Marco me dijo que no, yo no le volví a hablar a un mae nunca más, hasta que estaba en noveno, en el cole, y me llamaron al equipo de básquet porque yo era alta.

En los entrenamientos se me comenzó a acercar un mae de 5to, muy guapo, que se llamaba Gabriel. Y el mae llegaba, se sentaba a la par mía, me hacía bromas y me preguntaba cosas. Yo tenía como esta resistencia de este trauma arrastrado desde los 8 años.

Bueno, sin embargo fui hablándole a Gabriel y relajándome un toque. Un día — como a los dos meses de estar entrenando — , íbamos saliendo del gimnasio y el mae como que me alcanza y nada más me dice “Sabe qué, usted me gusta”. Yo no supe qué decirle y cuando me di cuenta el mae me tenía contra la pared y me estaba pegando mi primer beso.

Al día siguiente, di, yo decía ok este mae no me va a hablar porque

esto es lo que hacen los maes, no le hablan a una. Le dicen que no y no le hablan (risas).

Yo en la mañana llegué al colegio, estábamos en la soda y yo decía… qué pega porque este mae va a pasar por aquí, nada más me va a ignorar y me voy a sentir súper humillada. En el recreo el mae pasó con los compas de él por donde yo estaba y me saludó “Hola”. Mis compañeros como “Wow, un mae de quinto” (risas). A la salida, ese día, el mae me estaba esperando en el portón, me acompañó a mi casa y me comenzó a acompañar a mi casa todos los días.

Fast forward al hijueputa baile en el que siempre me pasan las mierdas (risas), en el baile de fin de año del cole, obviamente yo asumí que íbamos a ir juntos porque algo está pasando entre nosotros, el mae tenía semanas de irme a dejar a la casa y darme besos.

Recuerdo ir entrando por ese mismo pasillo en el que nos habíamos dado el primer beso, la gente se me quedaba viendo rarísimo y los que estaban hablando dejaban de hablar y los que no estaban hablando se cuchicheaban varas al oído. Cuando finalmente logré llegar a la entrada del gimnasio… lo primero que veo es al mae… ¡apretándose a otra güila! ¡debajo de todas luces!

Otra vez, me volví para mi casa a llorar. El domingo él me llegó a buscar a mi casa y como, entre como darme explicaciones y pedirme cacao, lo que me dijo fue que con esa güila el andaba… pero no andaba… pero que volvían y terminaban y volvían y terminaban. Y di, habían vuelto.

Me voy para mi casa para siempre. (risas)

Diego Barracuda (host):

Al menos ya podés contar la historia dos veces seguidas y no hay problema.

Adriana: (risa con resignación)

Diego Barracuda (host):

Este primer episodio es un episodio piloto en el que quise dejarle el tema libre a los invitados. Pero a partir del segundo, cada episodio va a tener un tema específico, y el siguiente se va a llamar “Cuando te avergonzás en público”. Si quieres ser parte del podcast y compartir tu historia de un momento vergonzoso en público podés escribirnos en nuestro Facebook “No Sos Especial” o escribir al correo nososespecial@gmail.com.

Hablando de momentos incómodos en público, la tercera historia tiene mucho de eso. Nos la cuenta mi queridísimo Kurt Dyer. Músico, comediante y creador de personajes como Tuti y Tío Koki — que al menos en Costa Rica muchos conocerán — . Esta es su historia. Hola Kurtito.

Kurt Dyer:

Hola Barry. Yo he realmente he tenido muchas peladas con mucha gente, siendo el bombeta que soy. Pero como me dijeron hace unos momentos — cuando conté que iba a hacer esto — que uno reprime muchas, y es totalmente cierto. Uno reprime la gran cantidad de peladas que ha tenido, porque es espantoso.

Les voy a contar mi peor pelada pública. Resulta que una vez estaba tocando — esto fue hace como ocho años — en un bar que ya no existe, en La Ribera de Belén. Iba a cantar esta canción de Robbie Williams que se llama “Feel”. La había sacado, estaba muy emocionado que había sacado la canción porque casi nunca saco nada nuevo.

Yo nunca ensayo las canciones en mi casa, siempre me doy cuenta cómo me sale la canción cuando estoy en el concierto. Entonces empiezo a contar la canción y hay unas partes altas y resulta que cuando empiezo a hacer esas partes empecé a ver pajaritos y yo… ¡Me voy a desmayar, me voy a desmayar! ¿Qué me está pasando?

Yo nunca he estado en clases de canto, ni nada, entonces yo no sé nada de respiración y dije ¡Me voy a desmayar! Y me acuerdo que las canillas que llaman, se me empezaron a mover así, y yo ¡Me voy a desmayar! ¡Qué pelada de culo si me desmayo! Y se me pasó. ¡Hijo de p***, no vuelvo a cantar esa canción nunca más en mi vida! ¡O sea, fue espantoso mae, qué horrible hubiera sido!

Bueno, la vara es que trabajaba en P&G y a veces invitaba a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a mis conciertos. Y resulta que me salió un concierto al frente de Forum 1 donde estaba P&G. Entonces yo feliz de ir a ver mis amigos. Era un chante que se llamaba como Bull Dogs, Big Dogs, o “algo Dogs”. Hot Dogs (risas).

(Mae, Barry, ¿Podés editar este mal chiste? Es que me he tomado 3 barras ahorita, entonces no me gustaría que salga ese mal chiste. Por fa no lo dejés).

Entonces, estaban todos mis compas ahí y digo yo… mae voy a tocar esa canción. Y yo, por tratar de hacer payasada en frente de mis compas del brete, les digo lo siguiente: “Bueno, la canción que sigue es una canción que saqué hace poquito, es “Feel” de Robbie Williams, y les cuento un detalle curioso que me paseo la vez pasada que traté de cantar esta canción hace una semana… ¡casi me desmayo! Casi me desmayo en una parte en particular. Entonces yo les aviso cuando venga esa parte y cualquier vara si me desmayo di, me disculpan ¿verdad? Ja ja ja, je je je”.

Entonces empiezo a tocar la canción y yo “Ok, aquí viene” y hago yo (canta la parte de la canción) ¡Y me hijueputa desmayoooo! Me voy para atrás, se me apagan las luces y me voy para atrás con guitarra y todo mae, pego la cabeza en el piso y quedo inconsciente. ¡Yo nunca me había desmayado en mi vida! Estuve inconsciente por — me dijeron — 10 segundos. Y yo solo recuerdo abrir los ojos, estar tirado en el piso con 3 amigos en frente mío “Mae, estúpido, ¿Está vacilando? ¿Está jodiendo mae, qué le pasa? Y la gente que estaba ahí, viéndome con cara de “¡Ay, sí!”.

Hasta este fucking día mis amigos del brete me habla de esa vara y me dicen “Mae, usted se hizo, se tiró, no le creemos”. La gran mayoría de gente pensó que yo me había tirado. Y yo “¡No fue jodiendo!” y todo mundo viéndome con cara de “Pffft, estaba jodiendo”.

Diego Barracuda (host):

La siguiente historia la cuenta Daniela Matute, la chama que más quiero en esta vida. Una amiga súper valiente, multifacética, es parte de la producción del programa “La Hora Tica” que pueden encontrar en Facebook, y como quizá podrá notar, es venezolana — aunque su acento ya es medio tico y ella lo sabe — . Contanos, Chama.

Daniela Matute:

Hace como dos años, yo formaba parte de una junta directiva de una institución bastante seria en el país y pues, nos invitaban a muchísimos eventos y a muchísimas cosas de la alta alcurnia costarricense.

Para era muy divertido, la verdad, porque tenía la oportunidad de vestirme de gala y

de ir a visitar a gente que no me conoce pero que yo los conozco a ellos.

El Día de Rusia, el Embajador de Rusia nos invitó a su casa a una fiesta.

Me fui a la fiesta.

Con meseros, con comida que nunca en mi vida como y con un montón de gente que

posiblemente todos conozcan y todos reconozcan en la calle. Habían embajadores de todos los países, representantes de todas las cámaras del país, de todos los colegios profesionales y un montón de ministros. Entro a la casa y hasta había un coro juvenil de niños y un pianista cantando canciones rusas.

Yo llegué sola y me acuerdo que estaba hablando de cosas del colegio y de problemas que hemos tenido junta directiva… ¡y lo último que recuerdo es que estaba en el piso! Me caí y cuando me despierto lo primero que veo es la cara de un cura enfrente mío y yo ahí dije ¡Ya, me morí! ¡Aquí no hay nada que hacer! (risas)

Veo al cura y el tipo me decía como “Hey, ¿Qué pasó? ¿Le llamamos a la ambulancia?

Volteo al otro lado y veo a un doctor y empieza a preguntarme cómo me siento, que qué siento, que adónde estaba… y yo únicamente me levanté, vi alrededor, dije que todo estaba bien.

Tenía un chichón en la cabeza porque me había pegado. Me levanté, agarré mis zapatos y me fui descalza de la casa del embajador con mi vestido agarrado por un lado y con los zapatos en el otro. Fue muy memorable mi visita a la casa del embajador ruso.

Diego Barracuda (Host):

Nos acercamos al final de este episodio piloto. Antes de pasar a la última historia, los invito a seguirnos en Facebook, Twitter y YouTube. Además pueden escucharnos en su reproductor de podcast favorito

La última historia –y con la que cerramos — las cuento yo mismo. No voy a decir mucho más. Fue una pelada de culo que nunca se me va a olvidar.

Diego Barracuda:

Esto me pasó en el 2001. Estaba en vacaciones del colegio y tenía 14 años. Durante esa época — y prácticamente toda la infancia — crecí junto a unos primos que vivían como a 3–4 kilómetros. Y en vacaciones pasaba semanas quedándome dormir en la casa de ellos. Era una época en la que estaba metidísimo con el reggae y el hip hop y tenía esta idea de que quería ser rapero y DJ.

En ese tiempo, a la par de la casa de mis primos se pasó a vivir un

mae nicaragüense que recién había llegado al país. No conocía a nadie y como nosotros éramos unos bombetas, nos hicimos amigos del mae rapidísimo. ¡Y resultó que el mae era DJ! Y no sólo era DJ, era DJ de dancehall, reggae dancehall. Entonces con más razón quería ser amigo del mae.

Además, el mae conocía a Good Fella. Que era un cantante de reggae panameño y yo en ese tiempo escuchaba mucho reggae panameño, como el Roockie o Kafú

Banton. Yo no era tan fan de Good Fella en realidad pero el hecho de que él fuera DJ y conociera a un cantante de reggae famoso para mí era como ¡Wow, este mae!

Como si fuera poco, el mae además era escultor. El mae hizo un espacio en su casa que era bastante amplia, puso todas las esculturas que tenía alrededor de la sala y se armó una exposición a la que invitó a todos los vecinos y amigos que había hecho.

Yo veía al mae con tantas ganas de hacer ese evento y yo quería caerle bien, entonces ahí dije “A este mae lo voy a ofrecer ayudarle con la exposición” Entonces le dije, el mae se puso super contento y me asignó cuidarle las escrituras pequeñitas que había puesto como en una mesa grande en el medio de la sala. Entonces ya, llegó el día de la expo.

Llegó un montón de gente. Me empecé a poner super nervioso porque obviamente no quería que nadie se robaran nada. Uno de los invitados se acercó muy raro a la mesa y a mí se me metió en la cabeza que el mae se quería robar algo. Entonces me le quedé viendo horrible y empecé a acomodar las figuras como diciéndole “Mae, lo estoy viendo”. Entonces el mae se fue. Pero cuando agarré la última pieza que estaba acomodando –que era como de una tortuga — se me resbaló de las manos ¡y se reventó contra el piso!

Me agaché a juntarla para ver si le había pasado algo y si le había pasado algo: se le quebró la cabeza. Me levanté de nuevo para ver si había alguien que se había dado cuenta, pero no, todo el mundo estaba en lo suyo. Había mucho ruido. El DJ escultor no estaba por ningún lado, no lo veía, entonces traté de acomodar las esculturas de tal forma que no se notara que faltaba una. No quería que el mae se diera cuenta o se enojara conmigo porque di, era DJ y amigo de Good Fella.

Volví a agacharme para ver si encontraba la cabeza ¡pero no la encontraba por ningún lado! Y en eso apareció el vecino DJ preguntándome que cómo estaba la cosa, y justo en ese momento vi la hijueputa cabeza de la tortuga que estaba a la pura par del mae.

Me acerqué a donde estaba el mae — como entre el pedacito de madera y él —

y la escondí debajo de la suela del zapato. Nada más escondiéndola sin presionarla mucho. Le dije que todo estaba bien y ya, me quedé ahí. Luego el mae pidió silencio para decir unas palabras a los invitados. Entonces aproveché y le dije que me diera un ‘break’ ya que él iba a estar a la par de la mesa y me dijo que sí.

Mi plan era que mientras él hablaba, yo iba a arrastrar la cabeza poco a poco, lentamente, hasta sacarla al patio y ahí esconder la evidencia. Y al primer intento que hice para arrastrarla sonó un ¡crac! El mae volvió a ver… yo hice cara como de que no fui yo, entonces el mae siguió. Mientras el DJ seguía hablando yo la seguía arrastrando todavía más suave para que no sonara, hacía cara como si estuviera poniendo atención.

En algún momento estaba deseando que el mae terminara para que todo el mundo hablara de nuevo y yo pudiera arrastrarla más fácil. Pero el mae se puso a contar toda su historia de cómo había llegado aquí, toda su historia como DJ. Pasaron como 15 minutos y había arrastrado si acaso como tres metros. ¡Cada tanto se escuchaba el chillido de la cabeza de la tortuga raspándose contra la cerámica! Pero ya estaba cerca de la puerta. U poquito más… un poquito más…

En eso el mae me llamó para presentarme con los invitados y me puse tan nervioso ¡que majé la cabeza! Levanté el pie y todo el mundo vio la cabeza de la tortuga hecha mierda en el piso.

Le pedí disculpas al DJ escultor enfrente de todos los invitados y él mae soltó esta risa burlona. Me dijo que se había dado cuenta desde que se me había caído la tortuga y se le había quebrado la cabeza. ¡Lo había visto todo! Que estaba aguantando la risa viéndome arrastrar el pedazo de madera. ¡Y todo el mundo se estalló de la risa también!

Diego Barracuda (Host): ¡Esto fue todo! Muchas gracias por escuchar. Te recuerdo que si querés participar del segundo episodio, el tema será: Vergüenzas, congojas o momentos incómodos en público. Podés escribirnos a nososespecial@gmail.com o en nuestro Facebook.

Yo soy Diego Barracuda y te recuerdo que, no importa lo malo que estés pasando, ¡no estás solo!. No sos el primero, ni serás el último porque No Sos Especial.

(Música outro)

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