Cuando te terminan I

Este es un episodio lleno de historias tristes, pero con una noticia feliz ¡Estrenamos nueva intro gracias a la banda costarricense Monte! https://montemonte.bandcamp.com

Transcripción por Celenia Masís:

Barry: 

Este episodio no es alegre. De hecho, es un episodio triste y es importante que lo sepan desde ahora. A las cinco personas que van a escuchar, a las cinco le terminaron. Si les acaban de terminar, prometo que van a sentir compañía; y si no, prometo buenas historias. Este es el tercer episodio de la primera temporada. Yo soy Diego Barracuda y esto es: No sos especial.

Dicen que uno nunca termina de conocer a la gente y hay quienes aseguran que, a pesar del tiempo, nunca conocieron realmente a la persona. Algo así le pasó a nuestra primera invitada, la artista e ilustradora Andrea Bravo y esta es su historia. 

Andrea:

Todo empezó en el 2011. En décimo, me habían invitado a un intercolegial y me acuerdo que, cuando fui, yo me quedé con un grupo de patinetos ahí hablando y entre esos patinetos estaba un muchacho que interactuó bastante conmigo y al rato me llegó una notificación de que alguien quería ser mi amigo; es el mae del intercolegial y me comenzó a hablar. Una conversación llevó a la otra y entonces nos empezamos a conocer más y, a partir de ese día, ¡todos los días! 

Al mes, dije “hey, ya llevo un rato hablando con este mae, qué vacilón” y empezamos a salir más. Me acuerdo que a veces me esperaba afuera del colegio, íbamos por un helado y, obvio, mis amigas (voz satírica): “Ay la están esperando afuera”, no sé qué. Y yo: “De fijo” y tal vez [había] un patineto, dos patinetos ahí todos rebeldes que llegaban afuera del colegio y Andrea la ilusioria creía que todo era demasiado perfecto y me empecé a sentir demasiado pega por él…

Me gané unas entradas para un concierto. Creo que era el concierto de Zoe, una banda que a los dos nos cuadraba un montón y yo dije “¡tengo que decirle, que venga conmigo!”. Y él me dijo “hey, no sé si quiero ir” y yo: “… ¿por qué?”. O sea, si hace como nada había dicho que sería increíble ir al concierto pero se lo pido yo y ya es un problema… 

“Ocupo poner la cédula y poner nuestros nombres en lista” y no me quiso dar mucho detalle pero me dijo que no, que si era “necesario” poner la cédula y yo “¿por qué?” (risas). “No, no, no. Por nada, solo pregunto”, así como super tenso, cambiándome el tema demasiado rápido. 

Yo en ese entonces también estaba preparándome para los exámenes de Bachi y yo apesto en matemáticas, entonces tuve que llevar un curso extra de mate y entonces fui, empecé mi curso de matemáticas y justo estábamos hablando, el profesor nos estaba molestando: “ay, espero que estudien el fin de semana”, y yo: “uy yo no, yo voy a ir a un concierto”; y le cuento con quién voy a mi profesor y me dice: “¿cuál es el apellido de él?” y se queda pensando… “bueno, si es el que creo que es: tenga cuidado”. Le hago yo: “¿Está seguro que está hablando de la misma persona?”. Entonces empezamos a decir: vive en tal lado, tiene tantos hermanos… y él como “no, no. Él tiene dos hermanos” y yo “no, él me dijo que tiene solo uno” y él: “No. Él tiene dos. Yo le di clases a los tres. Buscate bien, pero si es lo que pienso, tené cuidado, porque él es medio raro”. 

Llegó el día del concierto, todo fue demasiado normal y de regreso yo no pude aguantarme; íbamos en la buseta que nos dejaba en San José para que después nos recogiera mi papá y yo no aguanté y le pregunté como: “Hey, el profe de matemáticas parece que te conoce. Pero él dice que te dio clases pero que vos no terminaste el cole” y él como: “¡Ay no! No, no, no. O sea, sé quién es, pero seguro se confundió con mi primo. Él es el que no terminó el cole”; y me saca el celular y me muestra el perfil de Facebook: “Ve, este es mi primo, es que nos parecemos mucho y se llama igual” y yo: “Ja, sí”. 

Él notaba que yo estaba sintiéndome así porque también no me decía mucho, empezó a tratarme super extraño, se alejó; me acuerdo que se acercó la serenata a mi colegio y fue como ahí y lo enfrenté y le dije “No sé qué está pasando, pero me estoy sintiendo rara” y él: “Sí, yo creo que es mejor que no hablemos más. También es que conocí a alguien más” y yo: 

  • ¿Qué?
  • La verdad me está gustando, entonces creo que no estaría bien que vos estuvieras cerca.

Yo me sentí super mal, me sentí super traicionada y que me mintieron. Entonces me acordé que un compañero lo conocía. Y fue como: 

  • Hey ¿vos sabés qué ha sido de Pablo?, ¿qué ha hecho?

Yo ahí, super intrigada y él como: 

  • Bien, pero, Andre, no vale la pena que se sienta mal. ¿Usted sí sabe que el mae es de esta gente que miente mucho, verdad? Que están enfermos por eso. Tiene doble identidad.
  • ¿Qué?

Y él: “sí”. Pasé de sentirme, en serio, super triste, a sentirme como usada. Que alguien me mintió demasiado mal y desde entonces yo dije “no más” y esta es mi historia super fucked up (risas).

Barry:

Cuando una relación crece, también crecen los planes: viajes, mascotas, proyectos. Pero, cuando la relación termina, ¿qué pasa con los planes? Esta es la historia de Richie Mejías.

Richie: 

Esta es una historia de la vez que me rompieron el corazón. Esto pasó en el 2015, estaba en una relación que era como la relación más larga que había tenido hasta ese momento. Me encantaba, estaba super enamorado y justo después de que cumplimos un año de estar juntos, yo sentí donde las cosas empezaron a ponerse raras y el mae me terminó dos días antes de que yo cumpliera años. Realmente triste, la pasé super mal. Obviamente, pasé por todas las etapas de un rompimiento: de sentirse hecho mierda, verdad, apoyarse en los amigos, buscar cosas nuevas que hacer, cambiar de look, tratar de perder peso y sentirme mejor conmigo mismo y bueno, pues, algunas de esas cosas estaban funcionando, otras no.

En medio de todo esto, obviamente, era toda esta mierda sumada a: en tres meses podría ver a este mae de nuevo y además vamos a pasar una semana juntos en otro país. Diay, teníamos un viaje planeado. Fuimos de los miles de ticos que compraron un boleto a Perú en cien dólares y, cuando terminamos, yo le pregunté: “¿qué pensás que debería pasar con el viaje?” y él me dijo: “Yo voy a ir”, y yo le dije: “Bueno, yo también”. 

Vino el día del viaje. Yo, obviamente, estaba demasiado nervioso; iba a ver a este mae que llevaba tres meses de no ver. Nos vimos y sentí algo super raro. No recuerdo en cuál aeropuerto ya tuvimos una conversación. Yo me puse bastante sentimental. Me puse a llorar…

Íbamos para un hostel que un amigo me había recomendado, que era baratísimo, en el que íbamos a compartir habitación con otras cuatro o seis personas; obviamente, pensando en “este mae es mi ex y nada va a pasar”. Llegamos a la recepción y la chica nos pregunta si queremos una habitación con dos camas o con una, a lo que mi ex no pensó ni un segundo y dijo “cama matrimonial”. Yo nada más guardé silencio. El siguiente paso es él y yo en nuestra habitación con cama matrimonial, donde pasó lo que todos se pueden estar imaginando que puede pasar después de tres meses de no ver a tu ex y de compartir un cuarto en Cusco, Perú.

Después de ahí, el viaje fue muy raro, demasiado emocional, porque nos estábamos comportando como novios, siendo exes. Tuvimos varias conversaciones, salieron varias cosas a relucir. Y bueno, pues nada, dejamos claro que seguíamos siendo exes, aunque no nos estuviéramos comportando así y cuando regresamos a Costa Rica, cada quien se fue por su lado y no supimos cuándo más nos íbamos a ver después de nuestro break up y de nuestro loco viaje a Perú.

Barry:

A un día de lanzar este episodio me pasó que una de las historias que me enviaron no calzaba con este tema, entonces tuve que correr y preguntar en Twitter quien me compartía una historia de rompimiento. Por suerte, nuestra siguiente invitada me escribió pronto y me envió su historia por WhatsApp. Gracias, Marisela Zamora.

Marisela:

Bueno, mi historia es la historia de muchas mujeres a las cuales después de una relación larga nos terminan de la manera menos esperada y menos acorde al tamaño de la relación. 

Después de dos años de vivir juntos y de una grave depresión que pasé por no haber logrado ir a terminar mi maestría en cine, me quedé en Costa Rica con una relación bastante violenta y un poco culpa mía, tal vez, por haber soportado tanto y haber permitido tanto. Después de la larga depresión empecé a empoderarme profesionalmente y empecé a hacer lo que más amaba, que era cine. Resulta que después de trabajar en Princesas Rojas, como su productora de lanzamiento acá en Costa Rica, se me da la oportunidad de ser la productora de marketing a nivel internacional de la película, por lo cual empiezo a viajar muchísimo. Empiezo a ir a festivales de cine y, pues, otra vez a volver a ser Marisela. 

Pues resulta que los problemas se hacían cada vez más grandes, cada vez que yo tenía un pequeño triunfo en la carrera profesional, había un problema. Siempre había un problema cada vez que había algo bueno en mi vida. 

Me voy a Guadalajara con la maleta llena de sueños y otra vez iba a volver a poder hacer lo que siempre quise hacer desde que era una niña, que quería hacer cine; por un camino muy distinto al que me imaginé. Claramente, antes de irme tuvimos un problema bastante grande. 

Estaba en Guadalajara, living the dream (risas) y me avisaron que había sido seleccionada, entre cinco mil personas, a ser parte del programa Community Solutions, que es un programa del Departamento de Estado muy reconocido, internacional. ¡Y era el sueño!, y yo lloraba de la felicidad y no podía más con mi vida, era como “ok, ya ahora así estoy en the right track”. Y, pues nada, se me dio esta beca el día martes, por decir un día, le cuento a la persona que era mi pareja en ese momento y el día miércoles me llegó un mensaje por WhatsApp, obviamente estábamos peleando, pero por WhatsApp me dijo que todo se había acabado, que ya habíamos terminado y que ya no quería estar conmigo. 

Lo que me dijo la persona es que había mucho brillo en mí, entonces que, independientemente de lo que pasara, siempre cualquier persona que iba a estar a la par mía iba a ser una sombra. En el mejor momento de mi vida, en el momento en que estaba más feliz, en el momento en que necesitaba alguien que celebrara la felicidad conmigo y me estaba dando la peor noticia porque yo estaba convencida que esa era la persona con la que iba a pasar el resto de mi vida y me trajo abajo. Me trajo abajo porque te sacan de esa manera de la vida, como si fueras cualquier cosa, como algo desechable, pues claramente hacer el corte de esa relación es muy difícil, lo cual me tomó desde marzo hasta diciembre del 2014, más o menos. No era la forma, porque yo creía que merecía un poco más que un mensaje de WhatsApp después de dos años de vivir juntos. 

Barry:

En este episodio, los cinco invitados se animaron a contar su historia. Pero les recuerdo que si quiere compartir la suya, pero les da pena contarla, pueden escribirme por mensaje privado en Twitter, Facebook o Instagram, que no está mal invitarlos a seguirnos en cualquiera de los tres. También, pueden enviar su historia a nososespecial@gmail.com

La siguiente historia nos la cuenta el periodista y escritor Danny Brenes.

Danny:

Fue en mayo de 2015 que yo conocí a una muchacha, ¿cómo le ponemos?, un nombre fake, Alicia. 

Yo conocí a Alicia en el 2015 porque Alicia me hizo dar una historia. [Yo] trabajaba en una revista, era una de esas personas que manda historias a revistas, periódicos y esas cosas. Cuando la vi, al menos físicamente, fue como si esta mae hubiera… como si yo hubiera hecho una lista de todas las cosas que me gustan de una muchacha y ella hubiera hecho check, check, check… y después conversé con ella y fue otro check, check, check. La mae me encantó. A partir de ahí, hablábamos un montón. Eso que uno pasa hablando todo el día con alguien y es la forma no expresa de decir que a uno le gusta alguien. 

Ella me insistió en que viera la tercera temporada de Orange is the New Black y un domingo en la tarde yo le mandé una foto por WhatsApp y fue como este gran paso, porque fue la primera conversación no laboral que tuvimos y fue la forma de decirnos “sigamos hablando, veamos qué pasa”. 

Pasaron las semanas y seguíamos hablando todos los días, todo el día, de cualquier cosa; cualquier historia que ella me contaba era la cosa más interesante del mundo, cualquier cosa que yo le contaba a ella era la más interesante del mundo. Un día, cuando terminó su jornada a las cinco y media –yo salgo como a las seis, seis y media–, ella me dijo “hagamos una cosa, para no aburrirme en la presa, haceme preguntas, vos que sos tan periodista” y yo “ok de fijo”. 

No me acuerdo qué diablos le pregunté y después como de media hora, ella me dijo: “¿estás listo para mi pregunta?” y yo “de fijo”. Me dijo: “¿cuánto duré de Escazú a Tibás?” y yo como: “¿qué significa eso?” y la mae nada más me dijo: “Ya, agarrá tus cosas y salí. Estoy aquí afuera”. Y yo ¡uy maeee! Todo me temblaba (risas), me monté al carro y nada, nos quedamos ahí hablando como dos horas, de cualquier cosa; pero era la primera vez, desde la entrevista, que nos veíamos. Entonces eran estas ganas de nada más estar con esta persona. Vi que la mae ignoraba el celular, como que el celular vibraba y la mae lo ignoraba y yo me sentía como el mae  más pichudo del mundo y ya cuando pasaron como dos horas ella me dijo como “me tengo que ir”. Yo la abracé y nos dimos un beso. A partir de ahí nos comenzamos a ver un par de veces, tres veces por semana, todas las semanas. Hasta que pasó la primera parte trágica de esta historia y es que ella en setiembre se iba para una ciudad europea a sacar una maestría. 

Cuando ella se fue, yo obviamente quedé devastado, pero nos las ingeniamos y seguimos chateando o hacíamos FaceTime todos los días. Al principio era una hora de FaceTime todos los días, yo llegaba super tarde al trabajo, ella llegaba tarde a clases porque nos la pasábamos hablando. Con el tiempo, obviamente, las cosas se fueron desgastando: ya no era una hora, sino que era media o veinte o diez minutos, lo que fuera. Ya teníamos menos cosas que contarnos porque ella lo estaba pasando increíble en esta ciudad europea y yo no tenía mucho que hacer acá sin ella acá. 

Fast forward a finales de octubre de ese mismo 2015. Yo me tenía que operar el tabique nasal. El día de la operación ella me habló todo el tiempo hasta que tuve que dejar el celular. Me dijo: “apenas podás me escribís, no importa la hora, yo te voy a responder” y a la mañana, tipo diez de la mañana le escribí a ver si podía hablar, me dijo “dame una hora, para salir de clases, voy a ir a una cafetería y hacemos FaceTime”. A la hora, la mae me llama por FaceTime; empezamos a hablar y en eso estábamos, hablando. Yo le estaba contando toda la historia de mi operación cuando yo noté que la mirada de ella se desvió de la pantalla hacia algo que estaba detrás de la compu, que está como siguiendo algo. Y noté que se puso muy nerviosa, que se quedó callada y que tenía una sonrisa como de… sonrisa de nervios. 

Yo (risas) yo seguí hablando, ignorando todas las señales que tenía ahí en frente en mi pantalla del celular, hasta que ella me dijo: “tengo que colgar, después hablamos” y cerró la pantalla de la compu inmediatamente, porque en ese momento, a la cafetería entró su novio de dos años. (Risas) Quisiera decir que salimos ilesos, pero no salimos ilesos. Pero sí fue el principio del fin de algo que realmente nunca comenzó. 

Barry:

Este podcast se hace por amor a la camiseta. Así que lo más importante, en este momento, es crecer en audiencia. Si les gustó o les fue valioso este o los episodios anteriores, les agradezco compartirlo con sus amigos y en sus redes sociales. 

La última historia nos la cuenta Juan López, mejor conocido como el rapero Nezumi Gab, quien hace un par de meses re-lanzó su álbum La mente es cruel y pueden escuchar en Spotify. Esta es su historia. 

Juan: 

Mi historia de rompimiento se remonta a cuando todavía vivía en San Carlos. Era este mae que tenía el pelo por la mitad de la espalda, no había terminado el cole, tenía dieciocho años, trabajaba en una tienda de golosinas, rapero en San Carlos y no tenía mucho futuro, ni tampoco mucho presente, a simple vista. 

Conocí a una chica que me pareció super atractiva. Nos enamoramos. Compartimos literatura, compartimos música, compartimos odios y amores por el mundo y todo fue maravilloso entre nosotros. Estuvimos como año y medio juntos; yo estaba muy enamorado de la mae, la mae me convenció de que volviera a estudiar, por eso entré al colegio nocturno de donde me gradué eventualmente. Ella iba un año adelante que yo, entonces se graduó y se fue a la Universidad de Costa Rica, donde ya las varas se complicaron, porque la mae estaba lejos.

Finalmente, la mae me dijo en una llamada telefónica que los papás, que nunca me habían visto con muy buenos ojos, estaban cada vez más opuestos a la relación y que ya no podíamos seguir siendo pareja. Yo me sentí fatal; me sentí como una mierda, le pregunté a la mae que por qué y me dijo: “no, es que mis papás no quieren que yo esté con usted y me están presionando demasiado” y yo le dije “mae, pero realmente no me conocen, nunca he podido hablar con ellos, nunca he podido visitarlos como en el año y medio que llevamos, realmente nunca hemos socializado. ¿Cómo los maes deciden que no les agrado, así?”. La mae me dijo: “no es que ellos no tienen interés en conocerlo”. Entonces yo me sentí super mal, me sentí que no valía nada como ser humano, que no me consideraban valioso y tuve una pequeña crisis. Igual me mantuve estudiando, nosotros nos hablábamos y era esa tragedia adolescentosa, romántica, que la mae me decía (voz satírica) “es que yo lo amo, pero no podemos estar juntos” y yo (voz satírica) “yo también”, hablando por teléfono; teléfono público, en aquellas épocas.

En una de esas, yo llamé a la casa de ella, para hablar con ella. La mae no estaba y me contestó la mamá y me preguntó: “oiga, pero ustedes ¿qué ondas?, ¿ustedes todavía están?” y me solté a llorar y la señora super asustada, así como diciendo “no, ¿pero qué le pasa?” y yo (voz satírica) “es que, yo estoy enamorado, pero ustedes no me aceptan y nunca quisieron conocerme” y la mae: “no, suave, eso no es así. En realidad, nosotros le preguntábamos a ella y ella nunca quiso que usted viniera”. ¡Ih, mae!Y entonces, la próxima vez que llamé a la mae, le pregunté “mae, ¿usted anda con alguien?” y la mae me dijo… que sí. Que la mae andaba ahora con un mae de 28 años en la U. A final de cuentas, bueno, se reveló el misterio, la mae simplemente no supo cómo manejar sus emociones; no supo cómo explicar la situación, no supo cómo decirme “mae, la verdad es que estoy en la U, estoy conociendo gente interesante y ya no quiero tener esta relación y chao” y me hubiera ahorrado a mí unos cuantos meses de andar como idiotín, llorando por las esquinas y escribiendo raps deprimentes. Pero bueno, todo es experiencia y sobrevivimos, ¿no?

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *